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“Mi dibujo renuncia a transmitir emociones y aspira a generarlas.”
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Desde que hace unos años calló un libro de Pablo Amargo en mis manos, su concepto de Ilustración me ha perturbado hasta ahora. Su particular manera de trabajar me dio a entender que había algo más en la ilustración que yo desconocía, bien por no haber recibido clases de ilustración o bien por lograr plasmar de manera diferente su propia visión de las cosas y que además había sido aceptada por los diversos editores y escritores.
Lo que expongo a continuación, me ha parecido muy interesante y a tener en cuenta como ilustrador.
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Pablo Amargo en su forma de ver el trabajo del ilustrador que para él supone además su particular manera de ver la vida, comentaba lo siguiente en una conferencia en la Escuela Superior de Arte y Tecnología de Valencia.

«…no ceder a la tentación del camino fácil o de transitar por caminos ya trillados, sino poner en funcionamiento el cerebro y la emoción para la búsqueda constante de nuevas maneras de mirar. Amargo define la “ilustración” como el choque poético que se establece entre una imagen y la palabra. Es decir, poner imágenes a las palabras para que el lector ponga palabras a las imágenes. Así, la altura que alcancen las ilustraciones de un texto, dependerá siempre de la calidad de las preguntas que el ilustrador se formule. Su objetivo es la búsqueda de imágenes de tiempo de lectura inmediato, pero de tiempo de recuerdo prolongado.»

Quisiera completar su idea con un fragmento del artículo escrito por el ilustrador mejicano Gabriel Pacheco, colgado en la propia web de Amargo, en apartado de noticias del dos de mayo de 2008.

Del que me hago eco de un fragmento de este artículo:

«Amargo intelectualiza las imágenes, no las intuye, reelabora una especie de ideogramas que cotiene las ideas (…) inspecciona la naturaleza de las cosas para poder producir su representación, reresentación de una ideas, no de los objetos…». «Lo sorprendente de sus imágenes es la formación de su escritura, que transcribe de un sistema verbal a un sistema simbólico sin perturbaciones, dejando en la lectura la posibilidad de un pensamiento, un gran trabajo que hace, incluso del acto de leer u acto creativo, posibiltando el libro a diferentes encuentros de lectura, garantizando lecturas inmediatas como preofundas, no hay esclusividad de su trabajo».

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